Bitacora de Viaje

Huevos Revueltos Estilo Francés – París, 1996
  Hay mañanas que merecen contarse con más detalle, porque no fueron solo un desayuno: Era 1996. Yo vivía con una maleta medio desordenada y una rutina hecha de improvisación: estaciones de tren, cuartos prestados, llamados que llegaban tarde y la sensación de que el mundo era demasiado grande para quedarse quieto. En ese entonces, París no era un destino “turístico” para mí; era una especie de refugio entre viajes, una pausa breve para revelar fotos, escribir notas, y fingir solo por un par de días que la vida podía ser normal.... Leer más...
Huevos Rancheros – San Luis Potosí, 1998
Esta semana, el diario de viaje de MATTHEW se abre en el centro del país, donde el amanecer huele a tierra seca, café hirviendo y tortillas recién infladas. Era 1998. Yo tenía la edad exacta en la que uno confunde libertad con imprudencia y valentía con terquedad. Andaba con una mochila que crujía de tanto cargarla, un rollo de fotos guardado como si fuera un tesoro, y el tipo de cansancio que no se quita con dormir… porque no había dormido de verdad. La noche anterior me había alcanzado en... Leer más...
Huevos Turcos – Esmirna, 2004
  Esmirna (İzmir) vivía su propio ritmo: ferris cruzando la bahía como relojes flotantes, vendedores de simit apilando anillos dorados de pan con ajonjolí, y ese olor constante a sal, té negro y combustible que tienen las ciudades portuarias. El día había amanecido luminoso, casi insolente, con una brisa suave que parecía prometer calma. Yo lo creí. Y en este oficio, creerle al mar siempre es un error. Había salido temprano con mi cámara colgada al cuello, buscando una serie de fotos del puerto: manos que descargan redes, sombras largas... Leer más...
Chilaquiles Rojos con Camarón – Mazatlán, 2014
  Lo recuerdo con una claridad casi injusta: el tipo de mañana que se te queda en la piel aunque pasen los años. Era verano del 2014 y Mazatlán estaba en ese punto exacto entre la calma y el bullicio. El malecón olía a sal húmeda, a bloqueador solar recién puesto y a café negro escapándose de alguna cocina cercana. El aire traía brisa tibia, pero todavía había un filo ligero de madrugada que se metía por los brazos cuando caminabas sin prisa, como si el mar aún no terminara de... Leer más...
Chilaquiles Verdes con Barbacoa de Cabeza de Res – Desierto de Sonora, 2011
Era 2011. Todavía era de noche, pero el cielo ya empezaba a aclararse con una línea pálida en el horizonte, como si alguien hubiera pasado una navaja sobre el negro. El frío del desierto no es como el de la ciudad: no se siente afuera, se mete por dentro. Se te cuela por la nuca, por las rodillas, por la ropa sudada de caminar. Y cuando te detienes, duele.Veniamos en grupo, documentando el viaje que hacen por necesidad muchas familias. Sin preguntas y sin historia. La frontera es un espejo... Leer más...